Bichón frisé, el perro superviviente

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18/08/2021 | Actualizado: 18/08/2021 18/08/2021
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Bichón frisé, el perro superviviente
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BICHÓN FRISÉ: EL PERRO DESTRONADO QUE SOBREVIVIÓ A LA REVOLUCIÓN FRANCESA.

Situémonos en la Francia de finales del Siglo XVIII, en 1789. Las arcas “públicas” están vacías. Las malas cosechas han provocado una escasez de harina, llevando al pueblo a la desesperación. La corte, no encuentra en la nobleza y en el clero la adhesión de antaño…

Los factores como substratum para una posible rebelión popular están dados. Quizás solo falta la chispa. Y fueran finalmente falsas o no aquellas palabras atribuidas a Maria Antonieta, “S’ils n’ont pas de pain, qu’ils mangent de la brioche” (si no tienen pan, que coman pasteles), sí que representan, de manera simbólica, la reinante crispación, la ruptura final con una era de la historia de la humanidad, y el detonador de los acontecimientos que se avecinarán.

El tercer estado, animado por la victoria de la guerra de independencia de EE.UU, el ejemplo constitucionalista-liberal inglés, las ideas de la ilustración, se va a sublevar. En apenas unos años, la monarquía, de disfrutar de un poder absoluto, se verá arrestada a punto de huir de Francia de manera secreta, y hecha prisionera en París.

Aquí aparece el bichón frisé, cuya suerte va a cambiar radicalmente. No sería difícil rastrear su historia, remontándonos a su origen miles de años atrás, pero por una serie de razones, llegó a ser una raza de perros adoptada por las monarquías europeas. Puede ser que fuera Fernando I, aquel que tantos quebraderos de cabeza dio a Carlos I y V, quien lo introdujera en la corte. También existen evidencias de que fueron la predilección de Isabel I, la reina protestante. Pero el bichón frisé, como toda la sociedad en su conjunto, no iba a ser inmune a las insurrecciones, y con la revolución francesa, también llegaría su propio destronamiento… pero iba a sobrevivir.

Con una hostilidad generalizada hacia la familia real, hacia la nobleza, que esperaban desesperadamente una intervención de Prusia y de las monarquías absolutistas europeas que tardaba en llegar, el bichón frisé se vio obligado a sobrevivir en las calles, en una Francia que iba a vivir muchos años de tumulto. La revolución, la república…no carente nunca de tensiones, el imperio napoleónico…con su esplendor  y su crepúsculo. En definitiva, en la Francia liberal, el ser un perro de la realeza, no le disponía, en principio, a granjearse muchas simpatías…

¿Qué futuro le esperaba al bichón frisé?

Por una parte, el fortalecimiento. Muchos perros de su especie murieron, pero como raza, los años de vagabundeo, penurias, le sirvieron para mejorar genéticamente. Por otra parte, la reconciliación. Porque era difícil que su naturaleza tan tierna, su vivacidad, no terminara por ganarse la estima y la simpatía de la población en su conjunto, que posteriormente, no tardó en acogerlo. Y aunque Francia vivirá la restauración, hoy, el bichón frisé reina, quizás aún en las cortes, pero también en muchos de nuestros hogares, en donde es todo un baluarte de vínculos familiares, cariño, afecto…

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