Scalibor y Leishmaniasis canina: todo lo que necesitas saber

Scalibor, es el collar antiparasitario externo para perros de reconocimiento internacional, que repele al mosquito flebotomo, previniendo el contagio de la leishmaniasis. Ahora bien…

  • ¿Cuál es la compañía que fabrica Scalibor?
  • ¿Qué tipo de producto veterinario es Scalibor?
  • ¿Qué sabemos sobre el flebotomo, mosquito al cual repele?
  • ¿Qué tipo de enfermedad es la leishmaniasis, y cuál es su historia?
  • ¿Qué ayuda nos presta Scalibor, y qué directrices debemos seguir?

En este artículo queremos tratar estos puntos de máxima importancia para el profesional veterinario, y para los dueños caninos. Te animamos a que sigas leyendo, y conociendo más sobre esta problemática…

Unos 785.000 perros, el 15 % del total de los censados en España, están diagnosticados de leishmaniasis.

Scalibor y Leishmaniasis canina

  1. El laboratorio detrás de Scalibor.
  2. Scalibor: El collar antiparasitario para la protección frente al flebotomo.
  3. El mosquito flebotomo, transmisor de las leishmaniasis.
  4. Leishmaniasis: la enfermedad, su historia, y conclusiones actuales.
  5. Consejos para proteger a tu perro.

1. El laboratorio detrás de Scalibor

Scalibor es un producto veterinario perteneciente al laboratorio MSD.

MSD, Merck Sharp & Dohme, es una compañía farmacéutica que posee sus instalaciones centrales en Whitehouse Station, Nueva Jersey. Se creó en 1891, aunque por entonces, solo como una sede anexa de Merck KGaA, empresa alemana del sector. Pero durante el conflicto bélico mundial conocido como la primera gran guerra, en 1917 los mandatarios alemanes decidieron su confiscación, al igual que ocurrió con otros distintos activos alemanes en tierras norteamericanas. Fue entonces cuando MSD decidió erigirse como una compañía independiente y autónoma.

A día de hoy, MSD es una compañía farmacéutica de relevancia internacional, ocupando el puesto nº7 por importancia mundial. Su actividad se centra en la investigación, el desarrollo, la fabricación, y la comercialización de una multitud de productos destinados al uso humano y animal. Además de su actividad económica, su fundación solidaria, The Merck Company Foundation, ha donado más de 480 millones de dólares a fines educativos y otros fines sociales, desde que comenzara su acción social en el año 1957.

2. El collar antiparasitario para la protección frente al flebotomo

Los productos antiparasitarios externos, se encargan de eliminar o repeler los insectos que viven fuera del organismo del animal, que se hospedan en su cuerpo, y les causan serios daños con sus agresiones, picaduras, y enfermedades transmitidas. Los dos formatos que se han establecido en las últimas décadas como la presentación más común de este tipo de productos, han sido los collares y las pipetas, si bien es verdad que también existen comprimidos orales.

Scalibor es un collar con distintas medidas, 65 y 48 cm, adaptadas al cuello de perros grandes y pequeños. Está indicado para la prevención y el tratamiento de las parasitosis externaseliminando a los parásitos externos más comunes en el perro, pulgas y garrapatas, y repeliendo al mosquito transmisor de la leishmaniasis, el flebotomo.

Scalibor se compone de deltametrina. Esta, es un principio activo del grupo de los piretroides sintéticos, que presenta actividad tanto insecticida como acaricida con amplio espectro, y con efectos y resultados rápidos. Las pulgas y garrapatas mueren al contacto con ella, debido a los daños que les causa en sus fibras nerviosas.
El mosquito flebotomo se ve repelido por este principio activo, al que percibe como un repelente antialimentario, lo cual provoca que no se acerque a él.
Scalibor libera la deltametrina de forma autónoma y gradual; en una semana ya cubre la base lipídica de la piel del perro, y la dosifica de tal manera, que consigue una duración de los efectos por un periodo de 6 meses.

Las pulgas están consideradas como uno de los parásitos que más afecta a los perros. Son insectos de ínfimo tamaño, y pese a que sus especies conocidas superan la cifra de las 2000, es una de ellas en concreto la que afecta a perros y gatos: C. canis.
Entre sus características físicas, podemos señalar que tienen un color entre el rojo y el marrón, miden hasta unos 3,5 mm de longitud, y la peculiaridad de la forma de su anatomía, les permite saltar ágilmente de unos perros a otros (gracias a su patas traseras, pues carecen de alas), moverse entre el pelo del animal con mucha facilidad, y succionar su sangre (gracias a una robusta potencia bucal).

La pulga puede llegar a saltar hasta 100 veces su altura.

La vida de la pulga presenta varios ciclos, siendo el último, el adulto, el que la lleva a hospedarse en el cuerpo de ciertos mamíferos o en el del ser humano, y alimentarse de su sangre. Aquí radica el riesgo para el perro, en tanto en cuanto, si es colonizado por una pulga, puede sufrir de picores, succiones, y de contagio de infecciones.

Una pulga hembra adulta, es capaz de succionar una cantidad de sangre 20 veces superior a la cavidad de su estómago. Puede hacerlo, porque al tiempo que se produce la succión, se produce también material fecal, que en parte es también digerida y destinada como alimento para sus larvas.

Las pulgas pueden, en el perro, ocasionar picores, lesiones cutáneas, alergias, dermatitis, anemia, y transmitir serias enfermedades (ya que son vectores de agentes patógenos): dipilidiosis, rickettsia, hemoplasmosis, bartonelosis, o filariosis.

Las garrapatas son otro de los parásitos más comunes en el perro. Se le conocen más de 800 especies distintas.
Cuentan con una anatomía caracterizada por una boca con ganchos, pero con tal fuerza, que con ella agujerean la dermis del animal al que hospedan, para alimentarse de su sangre.

La hematofagia es el hecho de alimentarse de sangre.

Lo más curioso es que llega a penetrar toda su cabeza al interior del organismo del animal, lo cual es un riesgo, ya que cuando se extrae la garrapata de forma inadecuada del cuerpo de la mascota, en muchas ocasiones la cabeza queda dentro.
Otro de sus rasgos anatómicos es la complejidad de su aparato digestivo, el cual le permite almacenar sangre sin digerir, para ser utilizada como alimento para los próximos meses o años.

La garrapata puede minimizar sus funciones vitales ante un ambiente hostil, lo que lo convierte en un parásito de vida muy longeva. 3 de sus fases de su ciclo vital afectan al perro, pues desde que se convierte en larva, comienza a succionar su sangre.

Una garrapata es capaz de multiplicar por 4 su tamaño, y por 100 su peso, en un periodo de 7 días.

Las garrapatas pueden ocasionar picores, daños dérmicos, anemia, y enfermedades como la anaplasmosis, babesiosis, ehrlichiosis, enfermedad de lyme, o la hepatozoonosis.

3. El mosquito flebotomo, transmisor de las leishmaniasis

El mosquito flebotomo, por la gravedad de la enfermedad que transmite, merece un particular apartado.

Flebotomo se conoce al insecto que forma parte de la familia Phlebotominae.

En griego, phlebos significa “vena”, y tomos significa “cortar”.

Es un insecto que mide unos 2,5 milímetros aproximadamente, presenta un color gris con tonalidad amarilla, y una forma anatómica repleta de pelos.

El flebotomo es conocido por ser el transmisor de la leishmaniasis.
En la fase adulta de su ciclo vital, los machos encuentran su alimentación en los azúcares hallados en otros insectos y en las plantas. Pero las hembras, necesitan de la succión de sangre, ya que es un elemento imprescindible para la formación de los huevos.

Para su desarrollo y proliferación, el flebotomo gusta de un ambiente con presencia de materia orgánica, una temperatura moderada-cálida, y unos niveles altos de humedad. No es un insecto capaz de recorrer largas distancias, por lo que sus agresiones tendrán lugar en el mismo entorno que les es agradable, y donde se desarrolla su ciclo vital. Su actividad se incrementa tras el ocaso, se sienten atraídos por la luz, y al contrario que el mosquito común, es muy silencioso.

La hembra no porta de por sí la leishmania spp (el agente patógeno), pero al succionar a un animal infectado, lo transmite de unos perros a otros.

4. Leishmaniasis: la enfermedad, su historia, y conclusiones actuales

Una vez un perro ha sido infectado por leishmania spp, la enfermedad que desarrolla es la leishmaniasis.

La leishmaniasis es una enfermedad que, si no se trata, puede causar la muerte del perro, y para la cual, de momento, no hay cura. Aunque sí existen tratamientos terapéuticos, con los que el animal puede mantener una calidad de vida óptima. Además, es considerada una enfermedad zoonótica (que afecta también a humanos), aunque en España esto último es muy poco frecuente.

La leishmaniasis comienza como lesión cutánea (pérdida de pelo en zonas muy concretas del cuerpo, heridas dérmicas), continuando con pérdida de peso notable, y llegando a causar daños en los órganos.

Si un perro es infectado por leishmania spp, y no recibe tratamiento terapéutico, su probabilidad de morir puede ser elevada.

Debido a que en ocasiones los síntomas pueden ser indicadores de enfermedades distintas, o a la existencia de ejemplares caninos que por mayor resistencia o genética pueden no revelar síntomas, existen pruebas analíticas muy certeras para determinar si un perro ha sido infectado de leishmania spp. Estas pruebas son muy importantes para el control de la enfermedad, así como para iniciar de forma temprana un tratamiento frente a la misma.

Aunque ha sido en las últimas décadas cuando más trascendencia y protagonismo ha cobrado la enfermedad, la leishmaniasis no es una enfermedad de aparición moderna. Es, además, muy interesante observar cómo mucho tiempo atrás ya se reportaban informes sobre la misma, y poder valorar su evolución. Así que, de la mano de Scalibor, vamos a emprender un recorrido sobre la historia de la leishmaniasis en España, obteniendo con ello una perspectiva histórica, que nos permita extraer algunas conclusiones de su prevalencia actual.

Los resultados de los últimos estudios sobre la prevalencia de leishmaniasis en España, han revelado que no hay estaciones climáticas o zonas geográficas sin riesgo.

SIGLO XX: DE 1913 HASTA 1985

Es curioso remontarnos más de 100 años atrás, para hablar sobre una enfermedad que podría parecernos más o menos moderna, debido a la creciente información sobre la misma, y al notorio cambio climático propio de las últimas décadas. Cierto es que, al menos en el primer y segundo tercio del S.XX, los sesgos de muestreo y los déficits en los medios de diagnóstico, hacen que convenga tratar con cautela los datos publicados. Pero es muy llamativo que ya en 1913, existieran estudios acerca de la prevalencia de la leishmaniosis en zonas concretas; es el caso de Tarragona, con unos resultados que por entonces arrojaban un 6 % de prevalencia de leishmaniasis en su población canina. Este primer estudio, pionero para dicha enfermedad, contó con un total de 65 perros como muestra. [Vilá y Torrademé (61)]

A partir de aquel estudio, llegaron muchos otros. El segundo tuvo lugar en Valencia, el cual arrojó un 0,9 % de prevalencia en 1916, con 313 perros estudiados. [Trigo y Mezquita (61)]. Esta cifra podría parecernos baja por la zona de la que se trata, si la comparamos con la situación actual. Sin embargo, 17 años más tarde, la prevalencia en la misma provincia era del 6 %. [Rivera Bandrés (27)].

En Madrid, de un 8 % en el primer estudio, que data del año 1935-36, con 2230 perros vagabundos como muestreo, [Sánchez Botija (28)], pasamos a un 13 % en 1949, esta vez con perros en consultas veterinarias (200). [Carda Aparici (29)]. Años más tarde, entre 1955-59, en perros en convivencia con humanos (21528 perros estudiados), Madrid arrojará un 1,3 % de prevalencia. [Casares Mateos (31)].

En lo que a la otra gran ciudad de España respecta, Barcelona, en 1950 se registraba un 2 % de prevalencia en un estudio que contó con 100 perros de muestra. [Covaleda et al (78)]. Por último, en Zaragoza, entre los años 1979-1983 se registraba un 8,53%, con 1572 perros estudiados. [Castillo et al (79)].

ENTRE 1984 Y 2007

Una vez llegados a 1984, y poniéndonos como próxima parada el año 2007, los resultados de los estudios registrados en este periodo nos servirán para conocer la prevalencia de la enfermedad antes de esta última década. Los estudios realizados y registrados durante este compendio de tiempo, superan con creces la etapa descrita anteriormente. Citaremos aquellos que puedan servir de paradigma, a la hora de tener una perspectiva histórica sobre la prevalencia en este periodo.

Comenzando por las grandes ciudades, en 5 estudios en Madrid que parten del año 1992, y culminan en 2007, la prevalencia se mantiene entre los rangos 4,2 % (1992, publicado en Conesa-Gallego 1994), y 8,1 % (2007, publicado en Gálvez et al 2010). Barcelona, por su parte, en un estudio provincial entre los años 1998-2002, presenta una prevalencia del 100 %, tomando como muestra 390 perros sintomáticos (Miranda et al 2008). En cuanto a la ciudad se refiere, y solo a ella, la prevalencia en un estudio con fecha desconocida es del 19,6 % (Botet et al 1987).

Haciendo un recorrido nacional, nos encontramos con una prevalencia del 3% en 1999 en Alicante, con 807 perros asintomáticos (Alonso et Al 2010); un 0 % en Castellón, con 132 perros estudiados en 1989 (Arnedo Pena et al. 1994); un 5,3 % en Granada, con un 43 % de los diagnósticos dudosos, de los 628 perros estudiados en 1991 (Acedo-Sánchez et al. 1996); un 34,6 % en Málaga, año 1992, con 344 perros de muestra (Morillas et al. 1996); un 73,3 % en las provincias de Murcia y Alicante conjuntamente, tomando a 116 perros, todos ellos sintomáticos, en un estudio sin fechar (Segovia y Martín Luengo 1985); otro 100 %, en este caso en Tarragona, entre los años 1986-1999, con 43 perros de muestrario (Gállego et al. 2001); y un 8,5 % en Zaragoza, con una cantidad de 1572 perros estudiados, entre los años 1979-83 (Castillo Hernández et al. 1985).

Alicante 3%
Barcelona 19%
Castellón 0%
Granada 5%
Málaga 34%
Madrid 8%
Murcia 73%
Tarragona 100%
Zaragoza 8%

ESTUDIO REALIZADO EN 2012

El estudio de Miró et al. Parasites & Vectors 2012 5:60., es el último estudio exhaustivo con el que contamos, para evaluar la progresión partiendo de un siglo atrás (como hemos estado haciendo), y la incidencia actual. Del mismo, las zonas geográficas más llamativas son Málaga (34,6 % de prevalencia), Ourense (35,6 %), y Córdoba (25 %).

Con prevalencias de porcentajes considerables, hay que destacar también la Región de Valencia (18,8 %); Murcia (9,1 %); Granada y Jaén (12,1 %); Mallorca e Ibiza (18 %); Cataluña (9,3 %), y dentro de la misma, la comarca del Priorato con un 18%; Zaragoza (con hasta un 10 %), y dentro de la misma, Calatayud con 13 %; la provincia de Salamanca con entre un 10-15 %; Cáceres (12 %); Madrid (8 %).

Con prevalencias algo más bajas, encontramos Asturias (4,7 %); Navarra (4,4 %); Alpujarra, en Granada (5,3 %); Santiago de Compostela (1,6 %).

Asturias 4%
Cáceres 12%
Cataluña 9%
Córdoba 25%
Granada y Jaén 12%
Málaga 34%
Mallorca e Ibiza 18%
Madrid 8%
Murcia 9%
Navarra 4%
Ourense 35%
Valencia 18%
Zaragoza 10%

CONCLUSIONES

Dos conclusiones principales vamos a señalar, una vez expuestas estas tres épocas de material documental.

La primera es la siguiente: la leishmania no parece haber sido una enfermedad desconocida para los profesionales veterinarios, ni para los propietarios en general, incluso si nos retrotraemos más de medio siglo atrás.

Nos llama poderosamente la atención el estudio realizado en Madrid en el año 1949. En él se documenta que, de 200 perros auscultados en consulta veterinaria, un 13 % de los mismos fueron diagnosticados de leishmaniasis. Si lo comparamos en paralelo con el estudio de los años 1955-59 en la misma provincia, con un 1,3 % de perros diagnosticados de la enfermedad entre 21.528 perros estudiados, pareciera que ya en aquellos años se conocían los síntomas de la enfermedad, y por ello las consultas veterinarias arrojan esa prevalencia elevada. Lo mismo se puede ver décadas más tarde, en el 100 % de prevalencia que arroja Tarragona, en el estudio de los años 1986-1999, y en el 73,3 % que arrojan Murcia-Alicante conjuntamente, en perros sintomáticos

La segunda conclusión sería la siguiente: no habría, al menos en ciertas zonas, tal crecimiento de la leishmaniasis como ha podido parecer en los últimos años. Comparando la prevalencia del último estudio, junto con la de 1984-2007, encontramos que Málaga presenta el mismo indicador: 34,6 %. Basta esta cifra para entender que ya en los 3 últimos lustros del S.XX, y en el primero del S.XXI, esta enfermedad afligía ya de forma considerable y general a los perros, pese a que entonces la información y las alertas sanitarias fueran menores.

5. Consejos para proteger a tu perro

El consejo más importante que podemos divulgar frente a la leishmaniasis, es su prevención.

Unos 785.000 perros, el 15 % del total de los censados en España, están diagnosticados de leishmaniasis.

Comúnmente, hemos conocido las estaciones de primavera-verano, como aquellas en que se hacía más necesario tomar medidas frente a la leishmaniasis. Además, por la naturaleza del mosquito flebótomo, algunas zonas con climas particulares no tan agradables para este, quedaban fuera de ser catalogadas como de alto riesgo. Lo que los resultados de los últimos años están revelando, es que rompemos con estas premisas que hasta ahora eran “vox populi”. Es decir, ya no hay estaciones sin riesgo, o zonas sin riesgo. De invierno a verano, de Norte a Sur, de Este a Oeste, debido al cambio climático, podemos encontrar prevalencias considerables indicativas de la necesidad de tomar siempre medidas preventivas.

Estas medidas preventivas, pasan por hacer uso de una barrera protectora, un producto que nos permita repeler al flebotomo, y que este no se acerque al cuerpo de nuestro perro. Scalibor, con 10 años de éxito a sus espaldas y millones de perros protegidos, es un antiparasitario externo en formato collar, que otorga una protección al perro frente al flebotomo, sin olvidar a las pulgas y garrapatas. Scalibor repele al flebotomo, y elimina y repele pulgas y garrapatas por un periodo de 6 meses.

La forma de uso de Scalibor es realmente sencilla, pues solo necesitamos colocar de forma ajustada el collar al cuello de nuestra mascota. En función del tamaño del perro, podemos elegir el collar de 65 cm, o el de 48 cm. Con Scalibor protegemos la salud del perro sin ninguna contraindicación en el entorno familiar, ya que su principio activo, del que hablamos en otro apartado anterior, es extremadamente seguro. Tanto es así, que Scalibor no está contraindicado ni para perras en gestación, ni en lactación. El collar Scalibor actúa solo en la capa lipídica de la piel del perro.

En tanto que no es posible ya encontrar zonas geográficas o climas en España con prevalencia 0 en leishmaniasis, y en tanto que el perro no puede dejar de disfrutar de la vida al aire libre, Scalibor nos permite que nuestro perro pueda seguir disfrutando de actividades en el exterior, disfrutando de calidad de vida, sin temor a los ataques y contagios por parte del flebotomo.

Bibliografía:

  • Botet Fregola, J, y Portús Vinyeta, M. (1993). La leishmaniosis en la España Peninsular. Revisión Histórico-Bibliográfica. Rev San Hig Púb, 67 (No.4), 255-266.
  • Morales Yuste, M. (2012). La leishmaniosis canina en el sudeste de España. Cambios en las últimas dos décadas, factores de riesgo y criterios diagnósticos. (Tesis doctoral). Universidad de Granada, Granada.
  • Current situation of Leishmania infantum infection en shelter dogs in northern Spain, Miró et al. Parasites & Vectors 2012 5:60.
Contacto

Contáctanos

Not readable? Change text. captcha txt

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies
Zotal higienecondroprotectores para perros