Scalibor y Leishmaniasis canina: la vista atrás de un siglo.

El collar Scalibor, del laboratorio MSD, se ha convertido en uno de los productos de elección para la protección de nuestros amigos peludos contra los parásitos externos. Pese a que Scalibor es muy eficaz frente a pulgas y garrapatas, su fama internacional le viene dada por su acción repelente contra el mosquito flebótomo: vector transmisor de la leishmania.

Scalibor y Leishmaniasis canina

Así que, de la mano de Scalibor, queremos echar la vista atrás, para contemplar, desde una perspectiva histórica, la evolución de esta enfermedad en España. Este recorrido comenzará a principios del S. XX, terminando en los estudios de estos últimos años, en donde se apreciará la prevalencia actual.

Los resultados de los últimos estudios han revelado que no hay estaciones climáticas sin riesgo o zonas geográficas sin riesgo.

SIGLO XX: DE 1913 HASTA 1985

Es curioso remontarnos más de 100 años atrás, para hablar sobre una enfermedad que podría parecernos más o menos moderna, debido a la creciente información sobre la misma, y al notorio cambio climático propio de las últimas décadas. Cierto es que, al menos en el primer y segundo tercio del S.XX, los sesgos de muestreo y los déficits en los medios de diagnóstico, hacen que convenga tratar con cautela los datos publicados. Pero es muy llamativo que ya en 1913, existieran estudios acerca de la prevalencia de la leishmaniosis en zonas concretas; es el caso de Tarragona, con unos resultados que por entonces arrojaban un 6 % de prevalencia de leishmaniasis en su población canina. Este primer estudio, pionero para dicha enfermedad, contó con un total de 65 perros como muestra. [Vilá y Torrademé (61)]

A partir de aquel estudio, llegaron muchos otros. El segundo tuvo lugar en Valencia, el cual arrojó un 0,9 % de prevalencia en 1916, con 313 perros estudiados. [Trigo y Mezquita (61)]. Esta cifra podría parecernos baja por la zona de la que se trata, si la comparamos con la situación actual. Sin embargo, 17 años más tarde, la prevalencia en la misma provincia era del 6 %. [Rivera Bandrés (27)].

En Madrid, de un 8 % en el primer estudio, que data del año 1935-36, con 2230 perros vagabundos como muestreo, [Sánchez Botija (28)], pasamos a un 13 % en 1949, esta vez con perros en consultas veterinarias (200). [Carda Aparici (29)]. Años más tarde, entre 1955-59, en perros en convivencia con humanos (21528 perros estudiados), Madrid arrojará un 1,3 % de prevalencia. [Casares Mateos (31)].

En lo que a la otra gran ciudad de España respecta, Barcelona, en 1950 se registraba un 2 % de prevalencia en un estudio que contó con 100 perros de muestra. [Covaleda et al (78)]. Por último, en Zaragoza, entre los años 1979-1983 se registraba un 8,53%, con 1572 perros estudiados. [Castillo et al (79)].

ENTRE 1984 Y 2007

Una vez llegados a 1984, y poniéndonos como próxima parada el año 2007, los resultados de los estudios registrados en este periodo nos servirán para conocer la prevalencia de la enfermedad antes de esta última década. Los estudios realizados y registrados durante este compendio de tiempo, superan con creces la etapa descrita anteriormente. Citaremos aquellos que puedan servir de paradigma, a la hora de tener una perspectiva histórica sobre la prevalencia en este periodo.

Comenzando por las grandes ciudades, en 5 estudios en Madrid que parten del año 1992, y culminan en 2007, la prevalencia se mantiene entre los rangos 4,2 % (1992, publicado en Conesa-Gallego 1994), y 8,1 % (2007, publicado en Gálvez et al 2010). Barcelona, por su parte, en un estudio provincial entre los años 1998-2002, presenta una prevalencia del 100 %, tomando como muestra 390 perros sintomáticos (Miranda et al 2008). En cuanto a la ciudad se refiere, y solo a ella, la prevalencia en un estudio con fecha desconocida es del 19,6 % (Botet et al 1987).

Haciendo un recorrido nacional, nos encontramos con una prevalencia del 3% en 1999 en Alicante, con 807 perros asintomáticos (Alonso et Al 2010); un 0 % en Castellón, con 132 perros estudiados en 1989 (Arnedo Pena et al. 1994); un 5,3 % en Granada, con un 43 % de los diagnósticos dudosos, de los 628 perros estudiados en 1991 (Acedo-Sánchez et al. 1996); un 34,6 % en Málaga, año 1992, con 344 perros de muestra (Morillas et al. 1996); un 73,3 % en las provincias de Murcia y Alicante conjuntamente, tomando a 116 perros, todos ellos sintomáticos, en un estudio sin fechar (Segovia y Martín Luengo 1985); otro 100 %, en este caso en Tarragona, entre los años 1986-1999, con 43 perros de muestrario (Gállego et al. 2001); y un 8,5 % en Zaragoza, con una cantidad de 1572 perros estudiados, entre los años 1979-83 (Castillo Hernández et al. 1985).

Alicante 3%
Barcelona 19%
Castellón 0%
Granada 5%
Málaga 34%
Madrid 8%
Murcia 73%
Tarragona 100%
Zaragoza 8%

ESTUDIO REALIZADO EN 2012

El estudio de Miró et al. Parasites & Vectors 2012 5:60., es el último estudio exhaustivo con el que contamos, para evaluar la progresión partiendo de un siglo atrás (como hemos estado haciendo), y la incidencia actual. Del mismo, las zonas geográficas más llamativas son Málaga (34,6 % de prevalencia), Ourense (35,6 %), y Córdoba (25 %).

Con prevalencias de porcentajes considerables, hay que destacar también la Región de Valencia (18,8 %); Murcia (9,1 %); Granada y Jaén (12,1 %); Mallorca e Ibiza (18 %); Cataluña (9,3 %), y dentro de la misma, la comarca del Priorato con un 18%; Zaragoza (con hasta un 10 %), y dentro de la misma, Calatayud con 13 %; la provincia de Salamanca con entre un 10-15 %; Cáceres (12 %); Madrid (8 %).

Con prevalencias algo más bajas, encontramos Asturias (4,7 %); Navarra (4,4 %); Alpujarra, en Granada (5,3 %); Santiago de Compostela (1,6 %).

Asturias 4%
Cáceres 12%
Cataluña 9%
Córdoba 25%
Granada y Jaén 12%
Málaga 34%
Mallorca e Ibiza 18%
Madrid 8%
Murcia 9%
Navarra 4%
Ourense 35%
Valencia 18%
Zaragoza 10%

CONCLUSIONES

Dos conclusiones principales vamos a señalar, una vez expuestas estas tres épocas de material documental.

La primera es la siguiente: la leishmania no parece haber sido una enfermedad desconocida para los profesionales veterinarios, ni para los propietarios en general, incluso si nos retrotraemos más de medio siglo atrás.

Nos llama poderosamente la atención el estudio realizado en Madrid en el año 1949. En él se documenta que, de 200 perros auscultados en consulta veterinaria, un 13 % de los mismos fueron diagnosticados de leishmaniasis. Si lo comparamos en paralelo con el estudio de los años 1955-59 en la misma provincia, con un 1,3 % de perros diagnosticados de la enfermedad entre 21.528 perros estudiados, pareciera que ya en aquellos años se conocían los síntomas de la enfermedad, y por ello las consultas veterinarias arrojan esa prevalencia elevada. Lo mismo se puede ver décadas más tarde, en el 100 % de prevalencia que arroja Tarragona, en el estudio de los años 1986-1999, y en el 73,3 % que arrojan Murcia-Alicante conjuntamente, en perros sintomáticos

La segunda conclusión sería la siguiente: no habría, al menos en ciertas zonas, tal crecimiento de la leishmaniasis como ha podido parecer en los últimos años. Comparando la prevalencia del último estudio, junto con la de 1984-2007, encontramos que Málaga presenta el mismo indicador: 34,6 %. Basta esta cifra para entender que ya en los 3 últimos lustros del S.XX, y en el primero del S.XXI, esta enfermedad afligía ya de forma considerable y general a los perros, pese a que entonces la información y las alertas sanitarias fueran menores.

ALGUNOS CONSEJOS

Comúnmente, hemos conocido las estaciones de primavera-verano, como aquellas en que se hacía más necesario poner medidas frente a la leishmania. Además, por la naturaleza del mosquito flebótomo, algunas zonas con climas particulares no tan agradables para este, quedaban fuera de ser catalogadas como de alto riesgo. Lo que los resultados de los últimos años están revelando, es que rompemos con estos cánones que hasta ahora eran “vox populi”. Es decir, ya no hay estaciones sin riesgo, o zonas sin riesgo. De invierno a verano, de Norte a Sur, de Este a Oeste, debido al cambio climático, podemos encontrar prevalencias considerables indicativas de la necesidad de tomar siempre medidas preventivas.

Scalibor, con 10 años de éxitos a sus espaldas y millones de perros protegidos, es un antiparasitario externo que otorga una protección al perro frente a pulgas, garrapatas, y el mosquito flebótomo. El collar Scalibor repele estos parásitos externos, y sus daños en el animal por 6 meses. La forma de uso es realmente sencilla, con solo ajustar el collar Scalibor al cuello de la mascota. Con Scalibor protegemos la salud del perro sin ninguna contraindicación en el entorno familiar, ya que su principio activo (la deltametrina) es extremadamente seguro. Tanto es así, que Scalibor no está contraindicado ni para perras en gestación, ni en lactación. El collar Scalibor actúa solo en la capa lipídica de la piel del perro.

Para finalizar, apuntar que:

  • Unos 785.000 perros, el 15 % del total de los censados en España, están diagnosticados de leishmaniasis.
  • El perro diagnosticado con leishmania, y con un tratamiento correcto, disfruta de una óptima calidad de vida.

COLLAR SCALIBOR ANTIPARASITARIO

Collar Scalibor antiparasitario - Farma Higiene

Bibliografía:

  • Botet Fregola, J, y Portús Vinyeta, M. (1993). La leishmaniosis en la España Peninsular. Revisión Histórico-Bibliográfica. Rev San Hig Púb, 67 (No.4), 255-266.
  • Morales Yuste, M. (2012). La leishmaniosis canina en el sudeste de España. Cambios en las últimas dos décadas, factores de riesgo y criterios diagnósticos. (Tesis doctoral). Universidad de Granada, Granada.
  • Current situation of Leishmania infantum infection en shelter dogs in northern Spain, Miró et al. Parasites & Vectors 2012 5:60.
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